Paula Magazine

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LA MODA XL EN LA BALANZA 

Por Bárbara Riedemann

Revuelo causó a mediados de marzo la censura que las cadenas de televisión NBC y ABC aplicaron al comercial de Lane Bryant, marca estadounidense de ropa femenina para tallas grandes que, desde la década de los 20, ha sido pionera en este nicho de consumidoras rezagadas por la industria de la moda. Con el nombre de #ThisBody, la campaña mostraba a las modelos íconos del fenómeno plus size con ropa interior o con implícita desnudez, enunciando frases como “este cuerpo está hecho para romper el molde” o “este cuerpo está hecho para empezar una revolución”. Los ejecutivos de los canales justificaron su determinación diciendo que era “subido de tono”. Bastó esa explicación para que en revistas de moda y en las redes sociales estallara el debate: ¿por qué esos mismos canales –que transmiten series y películas con contenido sexual– ponen al aire un comercial de Victoria’s Secret y no uno de Lane Bryant? ¿Cuál es la diferencia si ambos muestran modelos en ropa interior? Para muchos, la respuesta no tenía nada que ver con la desnudez o el “tono” del mensaje, sino con la talla de las modelos.

Desde que Lane Bryant comenzó con sus campañas, dirigidas a las mujeres que jamás podrán acercarse a las talla cero de las modelos, la marca se estableció como antónimo de la firma de lencería Victoria’s Secret, famosa por sus “ángeles” de estilizados cuerpos. A modo de recuento, el año pasado Lane Bryant lanzó las campañas #I’m NO angel (no soy un ángel), haciendo alusión al concepto de Victoria’s Secret y, meses después, #PlusIsEqual (grande es igual), estrategia de marketing que instaló el debate sobre la diversidad corporal y su inclusión en una industria obsesionada con el “cuerpo perfecto”.

Otro hecho: en febrero de este año, en la portada de la revista Sports Illustrated, históricamente ocupada por top models en trajes de baño, apareció la modelo Ashley Graham luciendo un diminuto bikini de triángulos. ¿Ashley Graham? Norteamericana, 28 años, lidera el batallón de las más cotizadas modelos plus size con su talla 44. Es la primera modelo en su tipo que aparece en Sports Illustrated, después de haber figurado en campañas de H&M, Calvin Klein y Levi’s, y posicionarse como musa de Lane Bryant. Hoy, además de modelo y empresaria (tiene su propia línea de ropa), es una body activist. “Solo fui libre una vez que me di cuenta de que jamás iba a encajar en el angosto molde en que la sociedad quería meterme. Simplemente, el cuerpo perfecto no existe”, dijo en abril de 2015 durante su charla TED titulada Plus size? More like my size.

El fenómeno plus size en la moda, que golpea fuerte desde 2011, tiene sus raíces en el activismo para la aceptación de la gordura, impulsado por el feminismo de los 60 y 70 y que rechazaba la presión sufrida por las mujeres para encajar en un cuerpo cada vez más delgado. El movimiento se arraigó en Estados Unidos durante la última década gracias a nuevas voces que surgieron desde la academia y que defienden la autoaceptación y abogan para que la palabra “gorda” deje de tener un sesgo peyorativo. Desde allí pelean desde distintos frentes, como la salud, los derechos del consumidor y la moda.

En 2013 la diseñadora estadounidense Eden Miller fue la primera en mostrar una colección plus size en la Semana de la Moda de Nueva York. El mismo año la marca española Mango lanzó Violeta, su línea con ropa hasta la talla 54, iniciativa que en 2011 ya había presentado H&M. En 2015, Tess Holliday fue la primera modelo talla 56 en fichar con una agencia (Milk Management, en Londres), alcanzando una portada de Vogue Italia, la cima de una modelo. Ese mismo año la modelo plus size francesa Clémentine Desseaux se convirtió en rostro de Christian Louboutin y Ashley Nell Tipton fue la primera diseñadora de tallas grandes en ganar la versión norteamericana del programa de televisión Project Runway. En enero pasado, la bloguera Gabi Gregg se alió con la marca Swim Suits For All para lanzar sus fatkinis, bikinis para mujeres sobre la talla 44.

A la par del fenómeno en la moda, crece también el número de actrices que escapan al canon de la “mujer de medidas perfectas” en roles protagónicos, como Lena Dunham en la serie Girls, y de cantantes que han alzado la voz para romper con el molde, como Adele y Beth Ditto. Esta última tiene su propia línea de ropa y ha desfilado en las pasarelas de Marc Jacobs y Jean-Paul Gaultier, quien fue pionero en incluir a modelos de tallas grandes en sus shows (en 1992 convirtió a Stella Ellis en su musa, consagrándola como la primera modelo plus size de la historia).

“Los clientes quieren un cuerpo de talla grande, con muchas curvas, pero con abdomen plano y una cara delgada. Nada de doble pera. Esto demuestra que la industria manipula la imagen corporal, perpetuando la delgadez como un componente fundamental de la belleza ideal”, dice a Paula la socióloga Amanda Czerniawski.

En otro frente, por primera vez la legendaria exhibición del programa de Estudios de Vestuario que cada año ofrece la Universidad de Nueva York –y que finalizó hace un mes– no estuvo dedicada a las creaciones de un diseñador. El tema fue el rol de la mujer de talla grande en la moda con la muestra Beyond Measure: Fashion and the Plus Size-Woman.

Grandes logros en términos de inclusión, dirán algunos. Sin embargo, surgen voces desconfiadas respecto de este explosivo tributo a las curvas. ¿No será una estrategia de marketing para vender a un nicho de consumo antes descuidado? ¿No será una moda pasajera, como antes sucedió con la inclusión racial, etaria y de la diversidad de género? ¿No impulsa esta moda a validar un canon estético poco saludable, tal como lo hace la misma industria con la extrema delgadez?

¿TALLA GRANDE O NORMAL?
Hace poco más de un año Iskra Lawrence y Sabina Karlsson, dos reconocidas modelos plus size, posaron en ropa interior junto a otras pares de tallas para la revista digital Refinery 29. Hasta ahí todo bien. Pero la intención de la sesión de fotos que incluía un reportaje visual, reveló un perverso engaño de la industria de la moda: no era ropa interior común y corriente la que vestían, sino pantys, sostenes y calzones con bolsillos insertados para poner almohadillas de gruesa espuma y así abultar sus siluetas y generar hasta tres o cuatro tallas más. El objetivo de la publicación estadounidense fue denunciar una práctica cada vez más común. “Los rellenos ayudan a moldear el cuerpo porque cuando eres una plus es difícil tener las proporciones ideales que encajen en toda la ropa que tienes que modelar”, confesó Iskra, de talla 42. “Usarlos es una costumbre que refuerza los mismos ideales de belleza inalcanzables porque pocos cuerpos son así de curvilíneos”, agregó Sabina, de talla 44.

Mientras cursaba su doctorado en Sociología en la Universidad de Columbia, en Nueva York, Amanda Czerniawski trabajó dos años y medio como modelo plus size para develar las bambalinas de la industria. Su investigación se lee en su libro Fashioning Fat: Inside Plus-Size Modeling que, desde su lanzamiento en 2015, es hit de ventas. Con talla 42, y tras experimentar el rechazo en cientos de castings, se dio cuenta de que no era tan grande para ser considerada plus size, pero tampoco lo eran muchas de las modelos que conoció y trabajaban en revistas y pasarelas. La respuesta estaba en los rellenos de espuma.

“El sector plus size reproduce el ideal de que ‘más chico es mejor’. De esta forma, los clientes quieren un cuerpo de talla grande, con muchas curvas, pero con abdomen plano y una cara delgada. Nada de doble pera. Esto demuestra el mismo aspecto de la industria por manipular la imagen corporal, perpetuando la delgadez como un componente fundamental de la belleza ideal”, señala Czerniawski a Paula.

Existen incipientes investigaciones publicadas en blogs especializados como Bustle.com que aseguran que en Estados Unidos ha habido un aumento de las cirugías y tratamientos para eliminar la grasa facial, frente a una baja de las cirugías bariátricas.
Acuñado en la década de los 20 por la marca Lane Bryant, el término plus size estaba asociado a la ropa que no se ajustaba a los angostos moldes de vestuario de las grandes marcas. Recién en los 50 el concepto se utilizó para denominar a las mujeres que usaban tallas grandes, cuando la marca Korell publicó un anuncio que decía “un vestido para la mujer de talla grande”, según consigna el artículo Women Note the Minuses of ‘Plus-Size’, publicado en 2015 en The Wall Street Journal. Desde ese momento, el concepto se popularizó.

“En el retail, la ropa plus size comienza en la talla 46. Pero la industria del modelaje considera cualquier talla sobre la 38 como talla grande. Por eso el término es absolutamente inconsistente y ambiguo cuando se usa para categorizar las tallas de ropa de la mujer promedio, si pensamos que en Estados Unidos la talla estándar es entre la 42 y 46. Además, el concepto tiene una tremenda carga cultural negativa relacionado al estigma de la gordura, ya que por décadas se ha usado como eufemismo”, explica Amanda Czerniawski, hoy profesora de la Universidad de Temple, en Philadelphia.

Siguiendo esa lógica, en Chile cualquier mujer sobre la talla 40 sería talla grande según una agencia de modelos. Es decir, calificaría como modelo plus size cualquiera desde la talla 40 hasta la 56. En otras palabras, desde la talla M hasta la XL o más.

En respuesta al amplio rango de tallas consideradas “grandes”, las modelos plus size están usado su éxito para iniciar un movimiento que impulse a la industria a incluir a exponentes de todas las formas y tamaños, eliminando su rígido sistema de categorías que segrega tanto a modelos como consumidoras. Una de las voceras del movimiento es Ashley Graham, quien fundó Alda, una coalición de modelos que abogan por la inclusión de la belleza sin distinciones de tallas. Replicando la iniciativa, la también modelo Stefania Ferrario lanzó el año pasado la campaña #droptheplus. Con su talla 40, Ferrario sentencia en su sitio web, droptheplus.org, que es “un retroceso que sigan llamándonos plus size. Hoy es tiempo de una aceptación total, de eliminar la etiqueta y darse cuenta de que somos todas modelos, sin importar la talla. La industria de la moda es la que más influye en las mujeres a nivel mundial. Ser etiquetada en el rango de ‘grande’ en el que en realidad encajamos la mayoría de las mujeres del mundo, no solo es dañino para nosotras, es, además, absurdo”.

Al movimiento se han sumado algunas agencias de modelos. Es el caso de Jag Model Agency, fundada en 2013 por los ex directores de la famosa Ford Models, que representa a mujeres de la talla 38 a la 52 y que decidió eliminar las tallas de sus categorías. Lo mismo hizo IMG Models –la más famosa de las agencias a nivel mundial– que dejó de segregar a sus modelos en base a distinciones arbitrarias dadas por las tallas.

Ante esta apertura, Czerniawski es cauta y advierte: “solo las modelos plus size con tallas pequeñas, de la 40 a la 46, son las que obtienen los trabajos en revistas y pasarelas y pueden vivir de ello. Las modelos más grandes, por lo general, consiguen trabajos esporádicos behind the scenes, en sesiones de fotos para catálogos y pruebas de ropa que después se van a poner las ‘pequeñas’ modelos de tallas grandes usando rellenos que se ajusten al ‘ideal’ de talla grande que la industria quiere instalar. Es parte de la ilusión que se vende para hacernos pensar que es inclusiva cuando, en realidad, no lo es”, sentencia.


Con su talla 44, en febrero de este año Ashley Graham hizo historia al ser la primera modelo plus size en protagonizar una portada de la revista Sports Illustrated. Abajo: la modelo Tess Holliday fue la primera talla 56 en fichar para una agencia de modelaje. Ambas son body activists y defienden su derecho a no hacer dietas para encajar en un molde que no les corresponde.

CUESTIÓN DE PESO
La comunidad médica mundial ha cuestionado estos nuevos parámetros de belleza. Aducen que con la incorporación de las plus size, las mujeres comenzarán a conformarse con una figura corpulenta y a hacer caso omiso a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de mantenerse en un peso óptimo. Esto es, con un índice de masa corporal entre 18,5 y 24,9. En Chile, por ejemplo, la media de las chilenas corresponde a un IMC de 27, que indica sobrepeso. Y en Estados Unidos, 64% de las mujeres tiene sobrepeso u obesidad.

“Mientras más se publiciten conceptos como ‘real’ o ‘normal’ asociados a modelos de tallas grandes, más conformismo en los consumidores por aceptar cuerpos poco saludables. La talla 42 ya es ser obesa y las modelos que la lucen con orgullo solo instan a normalizar una pandemia en expansión. Si miras los muslos y abdomen de Ashley Graham es inevitable no darse cuenta que tiene exceso de grasa, condición que siempre será poco saludable”, afirmó en febrero pasado la ex ministra de salud británica, Edwina Currie en entrevista con la cadena BBC.

La afirmación armó polémica y las voceras del movimiento plus size argumentaron separar el peso del bienestar y dejar de hablar de este como criterio para evaluar la salud de una persona. Algo que la socióloga Amanda Czerniawski comprobó in situ durante su investigación. “Antes de meterme en el mundo de la moda pensaba que las modelos plus size, entre tallas 40 y 46, eran indisciplinadas. Sin embargo, me di cuenta que están sometidas a las mismas presiones corporales que las modelos talla 0. Tienen que trabajar duro para mantener un cuerpo esbelto, eso es comer sano y hacer mucho ejercicio. La única diferencia con la talla 0 es que ellas tienen una contextura más gruesa, que no es sinónimo de poco saludable”.


La comunidad médica ha cuestionado estos nuevos parámetros de belleza. Aducen que con la incorporación de las plus size, las mujeres comenzarán a conformarse con una figura corpulenta y a hacer caso omiso a las recomendaciones de la OMS de mantenerse en un peso óptimo, esto es, con un índice de masa corporal entre 18,5 y 24,9. En Chile, por ejemplo, la media de las chilenas corresponde a un IMC de 27, que indica sobrepeso.

Katherine Appleford, socióloga de la Universidad de Kingston y especialista en moda de la London College of Fashion, argumenta a Paula: “La ansiedad por ser flaca responde a obtener un estatus social y no a la salud. Los parámetros con los que hoy se mide la gordura responden a su cuantificación: el IMC, una tabla de peso y talla que clasifica a los cuerpos en normal, sobrepeso y obesidad, asentando para siempre la noción de ‘peso ideal’ como regidora de un canon de belleza y salud. Tal vez, los límites entre cada uno deban revisarse, pues una persona con sobrepeso no necesariamente va a tener mala salud”.

Entonces, ¿pueden existir gordos saludables y flacos enfermos? “Absolutamente”, afirma Samuel Durán, presidente del Colegio de Nutricionistas Universitarios de Chile. “Una mujer con IMC 30, que es clasificada como obesa, pero que hace ejercicio, que se alimenta bien y que por ende, incluso, baja de peso y reduce su colesterol, es mucho más saludable que una joven con peso normal, pero que al medirle la grasa corporal esta excede la masa muscular y tiene colesteroles y glicemias elevadas. Ser saludable no es solamente tener un peso ideal y estar delgado no garantiza tener buena salud”, añade el especialista.


Polémica causó la peculiar forma de promocionar un short talla XXL de la tienda online Wish.com, en el que no se usó a una modelo plus size para mostrar la prenda.

EL FUTURO DEL PLUS SIZE
Hace pocos días hizo noticia una controversial campaña publicitaria de la tienda online Wish.com en la que se promocionaba un short XXL. La modelo, delgada, solo entraba en una pierna del short. El aviso fue tildado de “insultante” y como “el peor ejemplo de marketing jamás visto” por la diseñadora plus size inglesa Christina Ashman. “Precisamente para evitar esta ridiculización es que existen modelos de talla grande, quienes en realidad sí pueden mostrar cómo se ve la ropa diseñada para ellas”, escribió en su Instagram.

“La moda siempre ha logrado evadir el debate sobre la diversidad y la inclusión. Precisamente porque es un negocio basado en la segregación y homogeneización, donde el cuerpo y la mente son domesticados para facilitar el consumo. El negocio de las plus size es lucrativo, porque incluye a un segmento tradicionalmente postergado”, dice la consultora de moda y tendencias Laura Novik.

Pese a la cantidad de hechos que sustentan el fenómeno plus size, incidentes como estos ponen en tela de juicio sobre qué tan comprometida está la industria de la moda a sumarse a una verdadera revolución. “Es cierto que hay un interés que apunta a la inclusión, pero también es cierto que esta no lo hace por el mero acto de benevolencia. Se deben a una estrategia para maximizar las ganancias, a la par del creciente número de población que en los países occidentales se está volviendo cada vez más y más obesa. El fenómeno se asentará completamente cuando deje de llamarnos la atención una publicidad donde aparezcan modelos plus size”, comenta a Paula, Lauren Downing Peters, del Centro para Estudios de Moda de la Universidad de Estocolmo, en Suecia.
Similar es la visión de la consultora de moda y tendencias, y directora de Raíz Diseño, Laura Novik: “La industria de la moda siempre ha logrado evadir el debate sobre la diversidad y la inclusión, precisamente porque es un negocio basado en la segregación y homogeneización, donde el cuerpo y la mente son domesticados para facilitar el consumo. Respecto del fenómeno plus size, es un lucrativo negocio en expansión, que incluye a un segmento tradicionalmente postergado por la moda solo para vender y lo disfraza como ejercicio de inclusión”.

En 2015, el nicho de la ropa plus size facturó US$17,5 billones de dólares en Estados Unidos, de acuerdo a la revista Business of Fashion.

En Chile el fenómeno, muy incipiente, tuvo su primer capítulo con la campaña Extra Lindas, de La Polar, en marzo de 2008. Desde 2015, en tanto, funciona la única agencia de modelos plus size, Somos L. Y, mientras cerca del 33,6% de las chilenas tiene sobrepeso y otro 30,7% es obesa, habrá que esperar si la tendencia de la moda plus, y todo el debate asociado, cobra peso.


Para perpetuar el canon de “cuerpo perfecto”, con muchas curvas y cara delgada, las marcas prefieren usar rellenos en modelos plus size para aumentar su volumen hasta en cuatro tallas. Aquí, la modelo Iskra Lawrence para la sesión de la revista Refinery 29.

LAS TALLAS EN CHILE
No existe una medición estandarizada para el tallaje de las prendas de ropa en el país, por lo que las chilenas deben ajustar sus cuerpos al arbitrio de las tallas del vestuario que se vende en el retail internacional. Solo a modo de referencia, en general, la talla 38 de una chilena corresponde a 88 cm de busto, 66 cm de cintura y 92 cm de cadera. Para calcular una talla 40, hay que sumar 4 cm a cada ítem. Para una 36, hay que restar. “Estas son medidas que solo cumplen las marcas que confeccionan ropa en Chile”, dice Manuel Reyes, gerente general de Mavesa. Según la moda plus size, una chilena de la talla 40 para arriba sería talla grande, aunque en el retail se considera desde las 46 hasta la 54 o más.

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